Entrevista a Hugo Stuven, director de "El Nido". Hoy estreno en cines.
Por Redacción
Publicado el 11/09/2026
El realizador de la película dirigida por Michelle Jenner que hoy aterriza en nuestras salas
Hugo Stuven vuelve al cine este fin de semana con la claustrofóbica ‘El Nido’, película protagonizada por Michelle Jenner y sobre la que hemos podido charlar con el cineasta en profundidad.
¿Cómo surge esta historia? ¿Hay alguna película que te sirvió de inspiración?
Mis referencias han sido películas como Misery y, en general, del cine de Shyamalan, Hitchcock, Amenábar. Me interesa mucho ese cine que parte de una situación aparentemente sencilla y poco a poco va encerrando al espectador, generando tensión más por lo que intuyes que por lo que realmente estás viendo. Misery sí estuvo muy presente por razones evidentes: dos personajes, un espacio muy limitado y una relación que va cambiando constantemente de poder. Y Shyamalan es una referencia para mí desde hace muchos años, sobre todo por su manera de utilizar el género para hablar de otras cosas. Sus películas pueden darte miedo, pero en el fondo suelen estar hablando de la familia, del duelo, de la culpa, de la fe o de la pérdida. El bosque o Señales son dos ejemplos perfectos. Con Hitchcock me pasa algo parecido. Me interesa mucho esa idea de que el suspense no depende de que estén sucediendo cosas constantemente, sino de qué información tiene el espectador, cuándo se la das y cuánto tiempo eres capaz de hacerle esperar. En El Nido queríamos hacer algo muy contenido, muy pegado a los personajes, donde la tensión fuera creciendo casi sin que te dieras cuenta. Que llegara un momento en el que estuvieras tan atrapado dentro de esa casa como ellos.
En la película hablas de diferentes temas a través del terror, ¿crees que se debería valorar más este género de lo que se hace?
Absolutamente. Creo que el terror o el thriller psicológico es uno de los géneros que más libertad te da para hablar de cosas muy profundas sin tener que hacerlo de una manera evidente. Puedes hablar de maternidad, de duelo, de culpa, de relaciones familiares, de salud mental... y hacerlo desde un lugar muy visceral. A veces parece que una película de terror tiene que justificarse por ser de género, cuando nadie le pide eso a una comedia o a un drama. Para mí el género es simplemente el vehículo. Lo importante es qué estás contando por debajo y, sobre todo, que los personajes te importen.
Actualmente el terror vive un gran momento a nivel internacional pero en España está muy parado. ¿Cual crees que es el problema?
Es curioso porque España tiene una tradición del fantástico y del terror increíble y, además, creo que aquí hay muchísimo talento para hacerlo. No creo que el problema esté en los creadores ni en que falten historias. Quizá durante un tiempo ha habido cierto miedo a apostar claramente por el género. Y creo que el terror necesita que te comprometas con él. No puedes pedir una película o una serie de terror y después tener miedo de que sea demasiado oscura, demasiado incómoda o, simplemente, que dé demasiado miedo. Yo he tenido la suerte de hacer recientemente Dime tu nombre, una serie de terror para Prime Video, y para mí fue una experiencia muy importante precisamente por eso. Nos dejaron hacer terror de verdad, sin intentar rebajarlo o convertirlo en otra cosa. Y la respuesta del público fue buenísima. Eso demuestra que hay espectadores en España que quieren consumir cine de género español y que no hay que tener miedo a ofrecérselo. Al final, lo importante son las historias y cómo las cuentas. Fuera estamos viendo películas de terror, incluso muy autorales, que encuentran un público enorme y ganan premios importantes o están entre los nominados. Creo que aquí tenemos que volver a confiar en el género, apostar por él sin complejos y entender que el terror o el thriller psicológico pueden ser comerciales y, al mismo tiempo, tener una voz propia.
Michelle hace una actuación increíble e intensa, ¿cómo fue el proceso de trabajo con ella?
Con Michelle fue un regalo porque es una actriz descomunal que se entrega completamente. Y esta película le exigía muchísimo, tanto emocional como físicamente. Hay momentos muy duros y ella lleva prácticamente el peso de la película. Trabajamos antes del rodaje para entender al personaje, pero después intentamos llegar al set con libertad. A mí me gusta preparar mucho y luego estar abierto a lo que ocurre cuando ruedas. Si aparece algo mejor de lo que habíamos pensado, hay que saber verlo y aprovecharlo. Y Michelle, aparte de ser muy buena compañera, sabe mejorar todo lo que le ofreces. Michelle llegó a un nivel de implicación enorme, además en un tipo de papel que nunca había hecho antes, aunque le encante el género. Hay un momento en la película en el que su personaje se corta el pelo muy corto con una navaja antigua y Michelle se cortó su propio pelo de verdad. No hay truco, no hay peluca. Lo hizo delante de la cámara en un plano secuencia. Y creo que eso habla mucho de cómo afrontó el personaje y de la confianza que hubo durante el rodaje. Además, Michelle tiene algo que para esta película era fundamental: puede hacerte sentir muchísimas cosas sin decir una palabra. La cámara puede quedarse con ella y tú estás viendo cómo piensa. Para un director eso es maravilloso. Es hipnótica, y espero de verdad que se valore el trabajazo que ha hecho.
El niño que trabaja con ella está también genial, ¿fue muy duro adaptarse a los horarios de un niño y rodar terror con él?
Rodar con un niño siempre condiciona los tiempos porque, como es lógico, tienes unas horas determinadas y tienes que organizar el plan de rodaje alrededor de eso. Pero en este caso no lo recuerdo como una dificultad. Dylan es un niño maravilloso y era muy importante encontrar a un actor que resultara creíble. Si él no funcionaba, gran parte de la película tampoco lo haría. Y encima era su primera película. No puedo estar más feliz de haberle encontrado. Cuando ruedas género con niños hay algo bastante curioso: para ellos muchas veces no estás rodando una película de terror. Están jugando. Hay sangre que no es sangre, cosas que ocurren fuera de plano, trucos de cámara... Y nuestra obligación era precisamente que él viviera el rodaje desde ahí. Le ocultaba secuencias del guion y se las decía a medida que avanzábamos en el rodaje para que su actuación fuera lo más natural posible. Para todo ese trabajo previo conté también con Mónica Portillo, una coach de actores con la que ya había trabajado en Dime tu nombre. Ella trabajó con Dylan en algunos de los ensayos en los que yo no podía estar y fue una ayuda enorme para que llegara al rodaje preparado, pero sin perder nunca esa parte de juego que para mí era tan importante. Lo verdaderamente increíble era que nosotros estábamos construyendo algo angustioso y él estaba pasándoselo fenomenal cinco segundos antes. Era muy divertido verle, entre toma y toma, caminando sobre los raíles de la casa, donde está encadenada su abuela, como si fueran una barra de equilibrios. Y de repente le llamábamos, se colocaba delante de la cámara y estaba completamente dentro de la escena.
La parte de arte, vestuario, foto... todo esta muy trabajado y en sintonía, ¿tenias claro en todo momento hacia donde llevar la película?
Sí. Desde bastante pronto tenía claro que la película necesitaba una identidad visual muy concreta. No quería que la casa fuese simplemente una localización bonita donde ocurrían cosas. Quería que fuese un personaje más. Con Ángel Iguácel, mi director de fotografía, trabajamos para encontrar la textura que debía tener la película. Decidimos añadir grano desde el inicio y rodar con lentes anamórficas porque buscábamos una imagen con personalidad, que no fuese excesivamente limpia o perfecta. Y también queríamos que la propia fotografía fuese acompañando a los personajes. Recordemos que la casa está iluminada con velas. Con Ana Alvargonzález, la directora de arte, hicimos un trabajo enorme. Partimos de un primer boceto que hice de cómo imaginaba la casa y, a partir de ahí, Ana y su equipo construyeron algo increíble. El exterior de la casa se construyó en mitad de un bosque y todo el interior se levantó en plató. Eso nos permitió diseñarla desde cero para la película, pensar dónde estaba cada habitación, cada puerta, cada ventana, cómo se comunicaban los espacios, dónde necesitaba paredes móviles y donde no... Al final no era una casa que habíamos encontrado: era nuestra casa.
En vestuario trabajé con Olga Rodal e Irantzu Ortiz y también hubo un trabajo muy pensado y bonito desde el principio. Jugamos con un código de colores que iba acompañando a los personajes y su evolución. Todo tenía que estar muy empastado: fotografía, arte, vestuario, sonido... Para mí la dirección consiste muchísimo en eso, en conseguir que todos los departamentos estén contando la misma película aunque cada uno lo haga con herramientas distintas. Y detrás de todo esto hay también un trabajo de producción enorme. Construir una casa en un bosque y reproducir después todo su interior en un plató no es precisamente sencillo.
Filmax me dio una libertad y una confianza absolutas para hacer la película que tenía en la cabeza. Y eso para un director es un privilegio. En una película como esta el espacio era fundamental. Según avanza la historia quería que lugares que al principio podían resultar incluso acogedores fueran transformándose sin que necesariamente hubiéramos cambiado nada. Que fuese nuestra percepción de esos espacios la que cambiara.
¿Tienes nuevo proyecto en mente? ¿Puedes adelantarnos algo?
Sí, estoy desarrollando varias cosas. Entre ellas mi siguiente largometraje. Estoy escribiendo junto a Michelle Jenner con quien, después de Dime tu nombre y El Nido tenía muchas ganas de volver a trabajar, esta vez también desde la escritura. Le ofrecí entrar en el guion y la verdad es que estamos muy contentos con el resultado. Sigue dentro del terror psicológico, que es un terreno en el que me siento muy cómodo y que todavía me apetece explorar. No puedo contar demasiado todavía, pero estoy intentando llevar algunas de las cosas que me obsesionan un poco más lejos: la culpa, la familia, la percepción de uno mismo, el miedo a no poder confiar del todo en lo que uno ve o siente. Muchas ganas de contaros más, cuando se pueda.
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